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Ojo seco: por qué aparece y cuándo debes consultar

Una de las causas más frecuentes de molestia ocular, y de las que más mejoran con el tratamiento adecuado.

Ojo seco - VERTE Oftalmología Barcelona

¿Qué es el ojo seco?

El ojo seco, también llamado síndrome del ojo seco o sequedad ocular, es una enfermedad multifactorial de la superficie ocular que aparece cuando se altera el equilibrio de la película lagrimal y de la superficie del ojo. Esto puede deberse a una producción insuficiente de lágrima, a una evaporación excesiva o a otros factores que provocan inestabilidad, inflamación, daño de la superficie ocular o alteraciones de la sensibilidad.

El resultado es una superficie ocular mal protegida que se inflama y genera molestias.

La lágrima no es solo agua: es una película con varias capas que nutre, protege y mantiene transparente la córnea.

Esta película lagrimal contiene componentes lipídicos, acuosos y de mucina que mantienen la lubricación y la protección de toda la superficie ocular y la calidad óptica de la córnea.

Cuando ese equilibrio se rompe, el ojo queda desprotegido frente al ambiente, las pantallas o el paso de las horas, y aparecen los síntomas característicos.

Es una de las patologías oculares más frecuentes, especialmente a partir de los 50 años y en mujeres durante y después de la menopausia, aunque cada vez afecta a más personas jóvenes por el uso intensivo de pantallas.

Síntomas del ojo seco

El ojo seco se manifiesta con una combinación de molestias que tienden a empeorar a lo largo del día o en determinados ambientes.

Los síntomas más frecuentes son:

  • Sensación de arenilla o de cuerpo extraño, como si hubiera algo dentro del ojo
  • Escozor, quemazón o picor
  • Enrojecimiento ocular
  • Fatiga visual, sobre todo al leer o usar pantallas
  • Sensibilidad a la luz (fotofobia)
  • Visión borrosa intermitente que mejora al parpadear
  • Dificultad o molestia al usar lentes de contacto

Un síntoma que sorprende a muchos pacientes es el lagrimeo excesivo.

Aunque parezca contradictorio, el ojo seco puede provocar un lagrimeo reflejo como respuesta de defensa.

Sin embargo, esa lágrima es muy acuosa y no restablece adecuadamente la estabilidad de la película lagrimal.

Por eso, tener los ojos llorosos no descarta la enfermedad de ojo seco.

Los síntomas suelen agravarse en ambientes secos, con aire acondicionado o calefacción, con viento, en espacios con poca humedad y cuando fijamos la vista y parpadeamos menos de lo normal, como al mirar el móvil o el ordenador.

¿Cuáles son las causas de la sequedad ocular?

La sequedad ocular es una enfermedad multifactorial: raramente tiene una sola causa, sino que suele aparecer por la combinación de varios factores que reducen la cantidad de lágrima o empeoran su calidad. Conocer qué provoca el ojo seco es el primer paso para tratarlo de forma eficaz, porque el tratamiento cambia según el factor que predomine en cada persona.

Las causas y factores de riesgo más frecuentes de la sequedad ocular son:

  • La edad. La producción de lágrima disminuye de forma natural con los años, por eso la sequedad ocular es especialmente frecuente a partir de los 50.
  • Los cambios hormonales. Afectan sobre todo a las mujeres durante la menopausia, el embarazo o por el uso de anticonceptivos, uno de los motivos por los que el ojo seco es más común en mujeres.
  • El uso prolongado de pantallas. Al concentrarnos en el móvil o el ordenador parpadeamos mucho menos, lo que favorece la evaporación de la lágrima. Es el llamado síndrome visual informático.
  • Los factores ambientales. El aire acondicionado, la calefacción, el viento y los ambientes secos o contaminados resecan la superficie del ojo y agravan la sequedad ocular.
  • El uso de lentes de contacto, que alteran la estabilidad de la película lagrimal.
  • Determinados fármacos. Antihistamínicos, antidepresivos, ansiolíticos y algunos antihipertensivos, entre otros, pueden reducir la producción de lágrima.
  • Enfermedades sistémicas. Enfermedades autoinmunes como el síndrome de Sjögren, la artritis reumatoide o el lupus, además de alteraciones del tiroides y la diabetes.
  • Cirugías oculares previas y enfermedades de los párpados como la blefaritis, que altera las glándulas que producen la capa grasa de la lágrima.

Es habitual que varios de estos factores coincidan en una misma persona, lo que explica por qué la sequedad ocular es una de las condiciones oculares más extendidas. Identificar cuáles son los que predominan en cada caso es precisamente lo que permite diseñar un tratamiento personalizado.

Ojo Seco- Lágrima - VERTE Oftalmología Barcelona

Tipos de ojo seco

Para entender el ojo seco hay que conocer la película lagrimal, que está formada por tres capas: una capa lipídica (grasa) externa producida por las glándulas de Meibomio de los párpados, una capa acuosa intermedia producida por las glándulas lagrimales, y una capa de mucina interna que ayuda a que la lágrima se adhiera a la superficie del ojo. Según qué capa falle, se distinguen tres tipos principales:

  • Ojo seco evaporativo. Es el más frecuente. La cantidad de lágrima puede ser normal, pero se evapora demasiado rápido porque falla la capa lipídica, habitualmente por una disfunción de las glándulas de Meibomio (a menudo relacionada con la blefaritis).
  • Ojo seco acuodeficiente. El ojo no produce suficiente cantidad de lágrima. Es el tipo más asociado a enfermedades autoinmunes como el síndrome de Sjögren.
  • Ojo seco mixto. Combina déficit de producción y exceso de evaporación. Es muy común, y en estos casos, muchos pacientes presentan simultáneamente una producción reducida y una evaporación excesiva. La inflamación y el daño de la superficie ocular pueden contribuir a que ambos mecanismos se mantengan o se agraven.

Identificar el tipo de ojo seco es fundamental, porque el tratamiento es diferente en cada caso.

¿Cuándo debes consultar al oftalmólogo?

Las molestias leves y ocasionales de sequedad ocular pueden aliviarse con medidas sencillas. Sin embargo, conviene acudir a un oftalmólogo cuando:

  • Los síntomas son persistentes, se repiten con frecuencia o empeoran con el tiempo
  • Notas visión borrosa que no termina de corregirse
  • Sientes dolor ocular, no solo molestia
  • El enrojecimiento es constante
  • Las lágrimas artificiales que usas por tu cuenta ya no te alivian
  • Usas lentes de contacto y cada vez las toleras peor

El ojo seco mantenido en el tiempo y sin tratar no es solo una cuestión de incomodidad: puede dañar la superficie de la córnea y derivar en complicaciones como la queratitis, una inflamación de la córnea que requiere atención médica.

Además, si aparece dolor intenso, fotofobia (molestia con la luz), disminución de la visión, enrojecimiento intenso de un solo ojo o dolor y enrojecimiento mientras se utilizan lentes de contacto, se debe solicitar una valoración oftalmológica prioritaria. Estos signos pueden deberse a otras enfermedades oculares y no deben atribuirse automáticamente al ojo seco.

Por todo esto, el diagnóstico profesional es muy importante.

¿Cómo se diagnostica el ojo seco?

El diagnóstico del ojo seco va más allá de escuchar los síntomas. En una valoración oftalmológica completa se estudia la cantidad y la calidad de la lágrima, el estado de la superficie ocular y el funcionamiento de las glándulas que producen cada capa de la película lagrimal. Esto permite determinar no solo si hay ojo seco, sino de qué tipo y con qué grado de severidad, desde un ojo seco leve hasta un ojo seco severo.

Entre las pruebas más habituales están la evaluación de la película lagrimal, la medición del tiempo que tarda la lágrima en evaporarse, el estudio de las glándulas de Meibomio y la valoración de los daños en la superficie ocular mediante tinciones. Algunos instrumentos (como el Queratograph) analizan la lágrima desde muchos puntos de vista y nos ofrecen un informe muy útil para informarte de manera gráfica, evaluar el estado inicial y la respuesta a los tratamientos. Este estudio detallado es lo que nos permite diseñar un tratamiento personalizado y eficaz.

¿Tiene tratamiento el ojo seco?

El ojo seco es una enfermedad crónica que, hoy por hoy, no tiene una cura definitiva, pero sí se controla de forma muy eficaz con el tratamiento adecuado. El objetivo es doble: aliviar los síntomas y proteger la superficie ocular para evitar complicaciones.

El tratamiento depende del tipo y la severidad de cada caso, y va desde las medidas de higiene y los cambios de hábitos hasta tratamientos específicos en consulta. Lo importante es entender que no todos los casos de ojo seco son iguales, y que la clave está en tratar la causa concreta de cada paciente, no solo en aliviar la sequedad de forma puntual.

Creado: 28/09/2015 / Actualizado: 19/10/2026

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