El estrés no causa el ojo seco, pero sí lo agrava. Pantallas, mal descanso e hidratación insuficiente forman un círculo que conviene romper.
Sí, existe relación entre el estrés, la ansiedad y el ojo seco, y es algo que muchos pacientes observan en su día a día: los síntomas de sequedad ocular tienden a fluctuar y, con frecuencia, empeoran en las épocas de más tensión, cansancio o nerviosismo. Aunque el estrés por sí solo no es la causa principal del ojo seco, sí actúa como un factor que agrava los síntomas y que conviene tener en cuenta.
Hay varios mecanismos que ayudan a explicar esta conexión. Por un lado, el estrés y la ansiedad alteran el sistema nervioso autónomo, que es el que regula funciones involuntarias del cuerpo, incluida la producción de lágrima. En situaciones de tensión sostenida, ese equilibrio se altera y la secreción lagrimal puede verse afectada. Por otro lado, los estados de ansiedad suelen acompañarse de hábitos que favorecen la sequedad: pasamos más horas frente a pantallas, dormimos menos o peor, parpadeamos menos cuando estamos concentrados o en tensión, y a veces descuidamos la hidratación general del cuerpo bebiendo menos líquidos.
El descanso juega aquí un papel fundamental. Dormir poco o mal impide que la superficie ocular se recupere adecuadamente durante la noche, de modo que una mala racha de sueño, muy habitual en periodos de ansiedad, se traduce a menudo en ojos más secos y molestos al día siguiente. Es un círculo que se retroalimenta: el malestar ocular genera incomodidad, y la incomodidad sumada al estrés agrava la percepción de los síntomas.
También conviene mencionar que algunos tratamientos para la ansiedad y la depresión, como ciertos ansiolíticos y antidepresivos, tienen entre sus efectos secundarios la reducción de la producción de lágrima, lo que puede contribuir al ojo seco. Esto no significa que haya que dejar la medicación, sino que es un dato relevante que el oftalmólogo debe conocer para ajustar el tratamiento ocular.
La recomendación práctica es doble: cuidar los factores de estilo de vida que están en nuestra mano (descanso, hidratación, descansos de pantalla, parpadeo consciente) y, si los síntomas persisten, consultar con un oftalmólogo. Identificar todos los factores que influyen en cada caso, incluidos los relacionados con el estrés y el descanso, es lo que permite controlar el ojo seco de forma eficaz.