Toda una vida viendo el mundo diferente
El testimonio de Belén, operada de hipermetropía alta y astigmatismo en VERTE.
Las lentes de foco extendido son una de las soluciones más avanzadas para pacientes que, por su graduación o su edad, no son candidatos a la cirugía láser convencional.
En Barcelona, cada vez más pacientes nos preguntan por la experiencia real con este tipo de lentes, qué se siente, cómo cambia el día a día, qué opinan quienes ya se han operado. Y la mejor respuesta que podemos dar no es técnica: es el testimonio de quien lo ha vivido.
Belén lleva gafas desde que tenía un año. Hipermetropía alta y astigmatismo que con el tiempo fueron condicionando cada vez más su vida: el miedo constante a que se le rompieran las gafas, la impotencia de quedarse sin visión en cuestión de minutos, la dependencia absoluta de un objeto para poder funcionar.
A los 48 años, decidió dar el paso.
Hoy ve mejor que nunca, nada viendo el agua azul de la piscina por primera vez y le lee la carta del menú a su hermana. Esta es su historia, en sus propias palabras.
¿Cómo era tu día a día con hipermetropía alta y astigmatismo y qué limitaciones te generaba?
Era un rollo. La máxima preocupación que tenía durante todo el día era que no se me rompieran las gafas, que no les pasara nada a los cristales. Porque sin gafas, en 15 minutos, me fundo a negro. Me sobrevenía un dolor de cabeza que ya podía apagar la luz y se me acababa el día. Era agobiante y estresante, porque no podía pasar absolutamente nada: te quedabas automáticamente impotente y totalmente limitada.
¿Desde cuándo llevabas gafas y cómo te sentías con ellas?
Llevaba gafas desde que tenía un año. Con un añito me operaron ambos ojos de estrabismo. Las gafas siempre han formado parte de mí, como el que tiene cinco dedos: yo tenía cinco dedos y unas gafas. Formaban parte de mi ser.
¿Qué te frenaba para operarte antes?
En un principio no me quería operar. Estaba tan acostumbrada a llevar gafas que era como el que lleva unos pendientes, ya formaba parte de mí. Pero cuando pasan los años y van aumentando las dioptrías, vas viendo tus limitaciones y surge la necesidad de vivir de otra manera, más autónoma y más libre. Al principio también había un poco de miedo, pero al final la necesidad pudo al miedo. Y me alegro de haber dado el paso.
¿Cómo llegaste a VERTE y qué te hizo decidirte?
Llegué a VERTE porque tuve un jefe que tuvo un desprendimiento de retina y se operó aquí. A los años me contó su experiencia, y yo ya me rondaba la idea de operarme pero no sabía dónde ir. Al escuchar que todo le había ido muy bien, empecé a venir a hacerme revisiones. Fui conociéndoos y me disteis confianza. Dije: vamos con todo.
¿Qué sentiste durante la operación?
Nada. Sentí confianza plena, que todo iba súper rápido, y que tendría que haberlo hecho antes porque era una chorrada. Mi cirujano es un amor, y teniendo un cirujano así y yendo todo tan bien, todo fluyó. Desde la recepcionista hasta que salí. En ningún momento dudé ni tuve miedo.
¿Qué te pareció operarte los dos ojos el mismo día, uno por la mañana y otro por la tarde?
Lo mejor que pude hacer. Es impresionante: sales de la primera operación por la mañana ya viendo de ese ojo, y por la tarde sales viendo del segundo. El acto reflejo te lleva a ponerte las gafas, y entonces te das cuenta de que no ves con ellas, de que tienes que quitártelas, de que ves perfectamente. Es un subidón. Fantástico.
¿Cómo fue la primera noche y el día siguiente?
Estupendo. No sentí dolor, no sentí absolutamente nada, pude descansar perfectamente. Yo vi perfectamente desde el minuto cero, sin borrosidad ni molestias. Estaba muerta de ganas de que llegara la mañana porque me habían dicho que al día siguiente vería todavía con más nitidez, e imagínate cómo estaba ya esa tarde. Fue genial.
¿Qué es lo que más te ha sorprendido del resultado?
Salir viendo perfectamente con los dos ojos esa misma tarde, lo rápido que fue todo, y darme cuenta de que los colores tenían más vida. Había más color en el mundo, todo estaba más nítido, más definido. Todo me pareció más bonito de lo que yo había conocido. Y tengo 48 años, o sea, toda una vida viendo el mundo de una manera completamente diferente a como lo estoy viendo ahora. Maravilloso.
Llevas unas lentes de foco extendido. ¿Qué porcentaje de tu día a día puedes hacer sin necesidad de gafas de apoyo?
Me siento súper afortunada porque te puedo decir que un 99,87% del tiempo no las necesito. Solo las uso cuando leo durante un rato largo con poca luz, como un libro o el periódico por la noche. Con una iluminación normal, no las necesito. Y ahora soy yo quien le lee la carta del menú a mi hermana. Imagínate.
¿Hay alguna actividad concreta que ahora puedes hacer sin gafas y que antes era un problema?
Me encanta nadar, y siempre he ido a la piscina sin gafas, viendo todo diferente. Ahora, cuando ves el agua azul de verdad, te parece absurdo, pero es la primera vez que realmente la ves. Incluso el socorrista, cuando le saludé, me dijo: "Pensaba que eras una borde". Y le dije: "¡No, es que no te veía!". Nadar ahora es un goce. El carril, el agua, la iluminación... es muy chulo.
¿Qué le dirías a alguien que está en la situación en la que tú estabas?
Que se opere. Que es calidad de vida, que va a ver el mundo diferente, que se va a sentir libre. Que no va a tener que vivir con el miedo constante de: me he dejado las gafas, se me han roto, se me han caído. Solo lo entiende de verdad quien tiene tantas dioptrías y sabe lo que es no ver absolutamente nada sin gafas. Es calidad de vida, pero absolutamente calidad de vida.
¿Qué significa para ti, a nivel personal, haber recuperado una visión que nunca habías tenido del todo?
He dejado de sentirme vulnerable. Todo giraba alrededor de esas gafas: era como si a un ciego le quitaras el perro guía. Ahora me siento libre. Me doy cuenta de que puedo hacer millones de cosas sin ese sufrimiento constante. Algo tan tonto como salir de nadar y no encontrar la llave de la taquilla, sabiendo que te quedan diez minutos de visión y que si no la encuentras tendrás que pedir ayuda... Eso se acabó. Estoy muy contenta de haberme operado y de haberlo hecho con VERTE. La experiencia ha sido espectacular.