El primer verano de María sin gafas
Abrió los ojos justo después de la operación y, por primera vez, la habitación estaba enfocada. Sin gafas. Sin buscarlas.
Hay un instante muy concreto que las personas que se operan de la vista no olvidan: el momento de abrir los ojos por primera vez y darse cuenta de que ven enfocado. Sin gafas sobre la mesilla, sin buscarlas a tientas.
A María le pasó hace poco, con menos de treinta años, después de operarse con lentes implantables, también conocidas popularmente como ICL. Grabó su reacción al despertar, y en su cara está todo lo que cuesta explicar con palabras. Este es el comienzo de su primer verano sin gafas, y también una forma sencilla de entender en qué consiste este tipo de operación.
El momento de abrir los ojos
En el vídeo, María acaba de despertar de la sedación. Está aún en la clínica, recién salida de quirófano, adormilada. Abre los ojos despacio, mira a su alrededor y algo cambia en su cara. Mira las manos, mira la sala, vuelve a mirar, como si necesitara comprobar dos veces que es verdad. Y entonces sonríe.
Lo que está viendo es lo de siempre, la habitación, la luz, las caras a su alrededor. Pero lo ve nítido, sin gafas, apenas unos minutos después de la operación. Ese primer vistazo tras despertar, que ella esperaba borroso como tantas otras veces, esta vez ya es claro. A lo mejor no ve del todo bien porque las pupilas están dilatadas, pero mañana la alegría será máxima cuando las condiciones ópticas de los ojos sean más naturales.
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No hace falta que diga nada. Quien ha dependido de las gafas o las lentillas durante años reconoce enseguida esa reacción, y quien no, lo entiende igual solo con verla.
Un verano por delante
En el vídeo hay un momento en que una de las enfermeras le comenta que tiene un verano por delante para estrenar su nueva visión. Y es un detalle en el que muchas personas no caen hasta que lo viven.
Ir a la playa y meterse en el agua sin dejar las gafas dobladas sobre la toalla, sin perderlas de vista. Nadar en la piscina y salir viendo, no adivinando. Una tarde de sol sin tener que elegir entre las gafas graduadas y las de sol. Quedarse dormida en una hamaca y despertarse viendo el mar. No tener que pensar en todas las precauciones del uso de lentes de contacto… las horas de uso, tener siempre los líquidos de mantenimiento…
Son gestos pequeños, casi tontos, pero cuando has dependido de las gafas o las lentillas durante años, son justo los que marcan la diferencia. Para María, este verano esos gestos van a ser distintos.
Qué son las lentes implantables
Las lentes implantables, conocidas técnicamente como lentes fáquicas, son unas lentes muy finas que se colocan dentro del ojo para corregir defectos de visión como la miopía, la hipermetropía o el astigmatismo. A diferencia de las lentillas, que se ponen y se quitan sobre la superficie del ojo, estas se implantan en el interior mediante una intervención y permanecen ahí, sin necesidad de mantenimiento diario.
Se colocan detrás del iris, la parte de color del ojo, así que no se ven desde fuera y la persona no las nota. Una de sus características es que no modifican la córnea de forma permanente, y que un cirujano oftalmólogo puede retirarlas más adelante si fuera necesario.
Las lentes suelen valorarse en casos en los que, por la graduación o por las características del ojo, otras técnicas no son las más indicadas. En el caso de María, por ejemplo, su alta graduación la hacía candidata a este tipo de lente. Pero eso es algo que solo puede determinar un oftalmólogo y su equipo de optometristas tras un estudio completo del ojo: no existe una técnica mejor que otra, sino la más adecuada para cada persona.
¿Te gustaría saber si eres candidato o candidata?
Como le pasó a María, el primer paso no es operarse, sino un estudio del ojo que determine qué opción es la más adecuada en tu caso. Si quieres valorarlo con nuestro equipo, puedes pedir una primera cita gratuita* donde te lo explicaremos todo.
*No incluye pruebas preoperatorias.