Cómo usar las lentillas de forma segura
Pequeños descuidos con las lentillas pueden tener consecuencias serias. Repasamos los más frecuentes y cómo evitarlos.
Las lentillas son cómodas, prácticas y, usadas bien, muy seguras. El problema es que con el tiempo es fácil relajarse y adoptar pequeños hábitos que parecen inofensivos pero que pueden acabar pasando factura a tus ojos: dormir con ellas puestas, mojarlas con agua, estirar su vida útil un poco más de la cuenta.
Con las prisas del día a día, estos descuidos se cuelan casi sin darnos cuenta.
En este artículo repasamos los errores más frecuentes al usar lentillas, por qué son un riesgo y cómo usarlas de forma segura para seguir disfrutando de ellas sin sustos.
El agua y las lentillas no se mezclan nunca
Si hay una regla de oro en el uso de lentillas es esta: mantenlas siempre lejos del agua. Y no solo del agua del grifo, también de la piscina, el mar o la ducha.
El motivo tiene nombre: Acanthamoeba, un microorganismo presente en el agua que, en contacto con la lentilla, puede llegar a la córnea y provocar una infección grave y muy difícil de tratar. Es poco frecuente, pero cuando ocurre puede dañar seriamente la visión, y por eso conviene tomárselo en serio.
Esto se traduce en tres normas prácticas:
No enjuagues ni guardes nunca las lentillas con agua del grifo. Solo se limpian y se conservan con líquido específico para lentillas.
No te duches, nades ni te metas en el agua con ellas puestas. Si vas a nadar y las necesitas, usa gafas de baño bien ajustadas o, mejor, lentillas de un solo uso que desecharás justo después.
Ten siempre a mano unas gafas para los momentos en que no puedas usar lentillas con seguridad.
Respetar el mantenimiento y la caducidad
Las lentillas y su líquido tienen unas normas de uso que no son una recomendación comercial, sino una cuestión de seguridad. Saltárselas es uno de los errores más frecuentes, precisamente porque parece que no pasa nada.
Estirar la vida de las lentillas más de la cuenta es uno de ellos. Unas lentillas mensuales duran un mes desde que se abren, no "hasta que se ve mal con ellas". Con el uso, el material se va deteriorando y acumulando depósitos que reducen la oxigenación del ojo y aumentan el riesgo de irritación e infección, aunque tú sigas viendo bien a través de ellas. Ver bien no significa que la lentilla siga estando en buen estado.
El otro error habitual está en el estuche. Rellenar el líquido que ya había, añadiendo un poco de nuevo sobre el usado, no desinfecta nada: el líquido usado ya ha perdido su capacidad de limpiar. Cada vez hay que vaciar el estuche por completo y llenarlo con líquido nuevo. Y el propio estuche conviene enjuagarlo con líquido (nunca con agua), dejarlo secar al aire y cambiarlo cada uno a tres meses.
En resumen: respeta la caducidad de tus lentillas y renueva siempre el líquido por completo. Es la forma más sencilla de evitarte un problema.
Cuidado con los hábitos del día a día
Hay dos descuidos que se cuelan con la rutina y que conviene tener siempre presentes.
El primero, y de los más importantes, es dormir con las lentillas puestas. Mientras duermes, el ojo con la lentilla puesta recibe mucho menos oxígeno, y eso multiplica el riesgo de infección hasta seis u ocho veces. Y sí, la siesta también cuenta: no hace falta toda una noche para que el ojo lo note. Salvo que uses un tipo de lentilla específicamente diseñado y aprobado para dormir con ella, y siempre bajo indicación profesional, la norma es quitártelas antes de acostarte.
El segundo es el orden al maquillarse. Lo correcto es ponerse primero las lentillas y después el maquillaje, y al final del día quitarse primero las lentillas y luego desmaquillarse. Si te maquillas antes de ponértelas, es fácil que partículas de sombra, lápiz o máscara queden atrapadas bajo la lente, lo que provoca molestias e irritación. Un truco sencillo para no equivocarte: las lentillas son lo primero que se pone y lo primero que se quita.
Son gestos que cuestan lo mismo bien hechos que mal hechos, y evitan la mayoría de sustos.
Ante cualquier duda, revísalo
Usar bien las lentillas es sencillo cuando tienes claras estas pautas, y la gran mayoría de problemas se evitan simplemente respetándolas. Aun así, si notas molestias, enrojecimiento, visión borrosa o cualquier señal que no es habitual en ti, no lo dejes pasar ni esperes a ver si se soluciona solo: quítate las lentillas y consulta.
Como recuerda el D.O.O. Joan Pérez (Diplomado en Óptica y Optometría), responsable de contactología de VERTE: “Ante cualquier molestia o duda con tus lentillas, lo mejor es revisarlo a tiempo”. En VERTE Oftalmología podemos valorar cómo las usas y resolver cualquier problema.